Hace unos 12 ó 13 años llegó a mis manos un texto que realmente me impresionó, ya que, a modo de fábula, narraba perfectamente lo que tantas veces había sido el origen de mis reflexiones. No puedo reproducir el texto literalmente, ya que el paso del tiempo no perdona, pero era algo como esto:

Un escorpión pretendía cruzar un frondoso bosque de lado a lado. Cuando estaba a punto de conseguirlo se topó con un caudaloso río. El escorpión sabía perfectamente que sin ayuda perecería en el intento. Desesperado intentó buscar una solución para salir de aquel brete, pero le fue imposible encontrar nada que no supusiera un gran riesgo. Cuando estaba a punto de desistir observó como una rana salía del agua a poco metros de él. Era la solución perfecta!!, la ranita podría transportarlo hasta la otra orilla sin correr ningún peligro. Se acercó a ella y con voz serena le dijo:

- “Querida ranita, necesito cruzar el río y la única posibilidad que tengo es ir sobre tu lomo hasta la otra orilla.”

- “De ninguna de las maneras, seguro que me matarás clavándome tu aguijón.”

- “¿Pero como voy a hacer eso?, ¿crees que estoy loco?. Matarte sería mi sentencia de muerte…..yo no sé nadar. Por favor, confía en mí”

La ranita, sintiéndose protegida por ser el seguro de vida del escorpión, aceptó llevarle hasta la otra orilla. El escorpión se subió a lomos de su nueva amiga y emprendieron el viaje hacia el otro lado del río. Cuando se encontraban a mitad de camino…la rana sintió un profundo pinchazo…el escorpión, faltando a su palabra, había clavado el aguijón en ella inyectándole una dosis mortal de veneno. Antes de que los dos empezaran a hundirse, la ranita tuvo tiempo de gritarle a su verdugo:

- “¿Pero por qué lo has hecho?, ahora moriremos los dos irremediablemente.”

Y el escorpión, con lágrimas en los ojos, le contestó:

- “No lo puedo evitar…..es mi carácter.”

Supongo que esperáis leer que yo me siento identificado con la rana, pero no, es el escorpión el que me representa perfectamente. Obviamente nunca haría nada parecido a lo que el escorpión hizo. Pero sí que soy una persona que tropieza siempre con la misma piedra (y no solamente dos veces, indefinidamente) porque no soy capaz de cambiar mi carácter. Con el paso de los años he conseguido cambiar mi conducta en numerosos aspectos, pero la esencia de mi personalidad sigue ahí, latente, esperando el mejor (o peor, según se mire) momento para salir a la luz.

Tengo que cambiar, no sé la manera, pero tengo que hacerlo. Inconscientemente voy clavando mi aguijón a la gente que quiero y si ya hablamos de mí….mi propio veneno me está matando y no soy capaz de encontrar el antídoto.