Antes de ayer me pasaron dos cosas curiosas. La primera de ellas fue que en mitad de clase de inglés recibí un mensaje en el móvil de alguien que no conocía. Pensé en un primer momento que era de alguna agencia de colocación para decirme que me había enviado alguna oferta de trabajo al correo (aunque nunca me había pasado eso, siempre llaman). Pero no, agarraos, era mi antigua profesora de inglés, sí, la de la faldita corta , con la que ya no tenía ningún contacto porque antes de navidades ella ya había dejado la academia. Pues bien, me ponía que le había pedido mi teléfono a Isabel, una compañera mía de la academia (aunque tampoco la he visto después de navidades), y que quería invitarme a una cena que iba a organizar el 2 de febrero. La verdad es que voy a ir, ya os contaré si lo que pretende es vender mis órganos o no
. Os podéis imaginar que me quedé a cuadros.
Pero esa no fue mi única experiencia “extraña” con las mujeres ese día. Justo después de recibir el mensaje hicimos una actividad en clase que consistía en una serie de afirmaciones, a las que teníamos que poner el nombre de un compañero de clase que consideráramos que la cumplía. Es decir, si la frase era “____ hace mucho deporte”, ponías el nombre de la persona que pensabas que hacía mucho deporte. Pues bien, cuando terminamos de rellenarlas todas, la gente tenía que ir y confirmar si era verdad lo que había puesto. ¿Os podéis creer que todas las chicas de mi clase pusieron mi nombre en la afirmación “____ ha tenido más de 4 novios/novias”?. Pues se llevaron un buen chasco porque no he pasado de tres…
Total, que entre una invitándome a una cena y las otras poniéndome de Casanova me pregunto si mis amigos al final van a tener razón: “¿Jesús?….un mujeriego!!!”…eso sí, el mujeriego con menos mujeres de la historia
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