El otro día pasé unos días en España, pero no os voy a hablar de mis andanzas por allí ya que tampoco ocurrió nada espectacular. Os voy a hablar de una de las cosas que me regaló mi madre por Navidad (hemos adelantado un poco la fecha, lo sé, pero es que las navidades las vamos a pasar en Irlanda)…

Sí, no estáis equivocados…es una crema antiarrugas. En un primer momento pensé que era una venganza por los años que le regalé cremas antienvejecimiento a mi madre (que culpa tengo yo de que vinieran siempre con un collar de perlas del “todo a 100″ incluido..lo veía un regalo muy apañado teniendo en cuenta mi presupuesto). Pero no, no era una venganza…parece que mis líneas de expresión son demasiado “expresivas”.

Esto es un punto de inflexión en mi vida. No es el primer que tengo, ya tuve uno cuando empecé a afeitarme (con 11/12 años) y otro cuando empecé a ir a la universidad sin que mis padres me acompañaran (con 22/23 añitos) .

Yo siempre digo que me siento más cerca de los 18 años que de los 30, y eso que ya tengo 30, pero el otro día saliendo con los de la academia…se nota, se nota que no tienes sus 22 años. No sé deciros en que, pero tú lo notas y ellos también. Cualquier día de estos iré a una discoteca y habrá risitas o peor aún….alguien se ofrecerá a llevarme las bolsas de la compra…

Pero ¿sabéis que?…que me siento más joven, más guapo y más inteligente que nunca, así que…

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